DÍAS DE AGOSTO

El futuro está ahí, a la vuelta del silencio, en un pueblo que era tuyo y que ahora lo llenan otros cuerpos, otros rostros que a veces se asemejan a quienes  hace mucho estaban a tu lado. Unas semanas, unos pocos meses y se abrirá un camino que puede durar menos que un relámpago o ser tan largo como el olvido.

El futuro puede teñirse de gris pero siempre nos llama o nos confunde con el brillo de una promesa o el aleteo de un pájaro imposible.

Hay días, o meses como este claro agosto, en que uno vuelve atrás y toca con los dedos el pasado. Dice Rabindranath Tagore que dejas de ser joven cuando los recuerdos pesan más que las ilusiones. Será verdad, pero recuerdas esta frase porque te gustaba cuando empezabas a vivir y alguien a quien querías la grabó en una lámina de piedra.

Vienen a la memoria los versos a la Virgen que el maestro te obligó a recitar cuando tenías ocho años o el nombre de la soprano de un antiguo disco de Aida,  que tu hermano no dejaba de oír, y sientes el deseo de completar los datos – del autor de los versos o de la oscura soprano – y de ahondar en las ilusiones y los sueños de esos lejanos días.

No es exactamente una búsqueda del tiempo perdido, sino una mirada atrás a sucesos y escenas que uno vuelve a descubrir con emoción y asombro.

En RAH, que son las iniciales de una sala de conciertos, se habla de una de esas escenas que no quieren salir de la memoria.

 

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